Son días especiales en la primera etapa de Educación Infantil. En el momento de comenzar en la ikastola o de volver a las aulas, los niños y las niñas más pequeños están inmersos en el proceso de adaptación. En estos primeros días, en Kurutziaga damos una especial importancia a la fase de adaptación al nuevo entorno. La educadora Jaione Urionabarrenetxea nos ha dado algunas claves sobre este proceso.
¿Por qué es tan importante la adaptación?
Algunos niños y niñas vienen por primera vez a la ikastola. Otros y otras, después de pasar las vacaciones con sus familias. Por lo tanto, septiembre supone un nuevo comienzo para nosotros y nosotras. Tanto para las personas adultas como para los niños y las niñas. Por eso es importante el periodo de adaptación: para construir vínculos entre todas las personas (familias, ikastola y educadores y educadoras) y conseguir una relación cercana basada en la confianza. Es una etapa que debemos cuidar mucho y debe ser una experiencia positiva para el niño o la niña, hasta que, poco a poco, sienta el espacio como algo propio y familiar.
Durante los primeros días aparecen muchas emociones: llanto, alegría, enfado, miedo… ¿Cómo ayudáis a los niños y las niñas a vivir esas emociones y a sentirse bien en la ikastola?
El periodo de adaptación es una etapa en la que se producen muchos cambios y cada persona vive este proceso de una manera diferente. Algunos/as expresan miedo, alegría, hay quienes muestran enfado y también quienes manifiestan timidez… A estas edades, las emociones y los sentimientos están en constante movimiento y nuestro trabajo consistirá en responder a ellos desde una mirada sensible y ayudar a los niños y las niñas a gestionarlos. ¿Qué sería del mundo sin todas estas emociones?
Las familias también viven el proceso de adaptación. ¿Qué papel tienen los padres y las madres durante esas primeras semanas y qué recomendaciones darías a las familias?
En esta etapa, las personas adultas que acompañan a los niños y las niñas (madres, padres, tíos, tías, abuelos, abuelas…) son sus referentes. Son figuras importantes que les proporcionan seguridad y, por ello, cuando vienen a nuestro espacio, también intentamos que estas personas se sientan cómodas y cuidadas. No podemos olvidar que las familias también viven su propio proceso. Al fin y al cabo, la adaptación es una experiencia bidireccional.
Se dice que cada niño y cada niña necesita su propio ritmo. ¿Cómo se respetan esos ritmos y necesidades diferentes al comienzo del curso?
Cada niño y cada niña es diferente. Con su propia personalidad, necesidades y ritmo. Por eso, nos corresponde realizar ese trabajo de puente entre casa y la ikastola de manera progresiva. Con calma, paciencia, dulzura… Sin olvidar nunca que el niño o la niña es el centro.
Es importante observar las señales que nos dan y tenerlas en cuenta para saber si están preparados y preparadas o no para dar el siguiente paso.
En definitiva, el objetivo es conseguir que desarrollen la capacidad de vincularse con nosotros y nosotras y establecer un vínculo afectivo significativo, respetando el ritmo de cada niño y cada niña.
¿Cuáles suelen ser las principales preocupaciones de los padres y las madres?
La principal preocupación de las familias que vienen por primera vez a la ikastola suele ser cómo se adaptarán sus pequeños y pequeñas a la nueva situación.
- Cómo se desenvolverán en un espacio desconocido.
- Qué respuesta o actitud mostrarán ante los demás niños y niñas.
- Si conseguirán construir un vínculo con los educadores y las educadoras.
- Cómo vivirán el momento de la despedida.
- Cómo transcurrirá el propio periodo de adaptación.
- Si estarán bien cuidados y cuidadas.
Por eso, es imprescindible construir una relación basada en la confianza desde el primer momento y transmitir tranquilidad a las familias en la medida de lo posible. De esta manera, sus miedos, dudas e inquietudes iniciales… irán disminuyendo, hasta conseguir un ambiente agradable y beneficioso para todos y todas.
El comienzo de curso es también una etapa de adaptación. ¿Cómo están transcurriendo estos primeros días?
El 7 de septiembre recibimos a las familias y a los niños y las niñas. Entre nosotros y nosotras también se percibía cierto grado de nerviosismo. Al fin y al cabo, cada curso es especial y único. El aula se fue llenando de bonitas flores y allí encontraron un ambiente agradable y tranquilo para jugar. Algunos y algunas sin alejarse del lado de sus familiares, otros y otras sin preocuparse de dónde estaban estos y estas… Terminó la sesión de una hora y llegó el momento de despedirse. Para dar comienzo al siguiente turno. Poco a poco vamos avanzando y ha sido útil para realizar las primeras lecturas. Más adelante haremos una valoración, pero tenemos claro que creemos firmemente en el proceso de adaptación.
¿Cuándo notáis que un niño o una niña ha superado el proceso de adaptación en la ikastola y está preparado o preparada para comenzar el curso?
Cuando el niño o la niña se siente seguro o segura en el nuevo contexto y ha construido un vínculo afectivo, podemos decir que ha hecho suyo el espacio de la ikastola.
Pero, como hemos mencionado, cada niño y cada niña necesita su propio tiempo. Algunos necesitan días, otros y otras semanas. También hemos tenido niños y niñas que han necesitado más tiempo, pero todos los procesos son válidos y deben ser respetados. ¡Esto es precisamente la adaptación! Al menos, así es como nosotros y nosotras la entendemos.
¿Qué mensaje trasladarías a las familias?
La colaboración entre los educadores y las educadoras y las familias es fundamental, ya que remar en la misma dirección ofrece al niño o la niña un entorno seguro y coherente.





