Con pocos recursos pero un gran compromiso, las familias fundacionales de Kurutziaga asumieron impulsar el proyecto: recaudar fondos, preparar infraestructuras, superar barreras administrativas y, sobre todo, garantizar la educación en euskera. Lorea Agirre forma parte de una familia de esta generación. Ha trabajado innumerables veces junto a su marido Paul Astigarraga. Este tipo de personas han hecho posible que Kurutziaga exista en Durango.
Mila esker, Lorea!





