APORTACIÓN DE LAS MUJERES EN LA CREACIÓN DE LAS IKASTOLAS
Las tareas de cuidado son fundamentales para el funcionamiento de la sociedad, ya que garantizan la vida y el bienestar de las personas. Sin embargo, históricamente estos trabajos han sido invisibles y en la mayoría de los casos han recaído sobre las mujeres, sin contraprestación o en condiciones precarias. El feminismo denuncia esta situación porque el desigual reparto de las tareas de cuidado genera y mantiene la desigualdad de género.
Desde el punto de vista del feminismo, el cuidado no es sólo una responsabilidad privada en el ámbito familiar, sino una responsabilidad social y política. Las tareas domésticas, el cuidado de niños, niñas, personas mayores o dependientes, son imprescindibles para el desarrollo económico y social, pero no son debidamente reconocidas ni económica ni socialmente. Esto limita el potencial laboral de las mujeres y aumenta el riesgo de pobreza.
Por ello, el feminismo reivindica el reconocimiento del valor de las tareas de cuidado y su reparto equitativo, tanto en función del género como entre el estado, la comunidad y el mercado. El objetivo es construir un modelo de sociedad que ponga el cuidado en el centro, donde todas las personas puedan tener una vida digna, y donde las tareas de cuidado no caigan exclusivamente sobre las mujeres.
Sí, eso es fundamental para entender el nacimiento de las ikastolas. Las ikastolas no fueron sólo proyectos educativos; se basaron en gran medida en el trabajo militante invisible y no remunerado de las mujeres.
En los inicios de las ikastolas, muchas mujeres asumieron la responsabilidad principal: las madres, las andereños (muchas veces sin titulación pero con mucho compromiso), y las que organizaron las redes de la comunidad. Esa labor fue militante, de resistencia, sobre todo en el contexto franquista.
Gran parte de este trabajo no fue reconocido como salario:
-Preparación de aulas.
-Creación de material didáctico.
-Organización de fiestas, comidas.
-Garantizar el funcionamiento diario de las ikastolas.
Hoy podríamos llamarlo «voluntariado», pero en aquella época era un trabajo estructural imprescindible y se quedó mayoritariamente a expensas de las mujeres.
Uno de los principales roles que jugaron las mujeres fue la transmisión del euskera y la cultura:
-Transmisión del idioma en casa
-Transitar valores culturales e identitarios
-Transmitir a las niñas y niños el euskera «con naturalidad» incluso antes de la escuela formal.
Las ikastolas fueron posibles porque ya existía esa red informal de transmisión.
Las ikastolas surgieron muchas veces en casas o en condiciones precarias. Esto requería un gran trabajo de cuidados:
-Bienestar infantil
-Afectividad y seguridad
-Construcción de la comunidad
Ese trabajo no era neutro: fue la base de un proyecto político y cultural.
Todo este trabajo, sin embargo, ha sido históricamente poco reconocido. En los discursos oficiales han aparecido a menudo los hombres como líderes o creadores, y la aportación de las mujeres sólo como «ayuda».
La creación de las ikastolas sería imposible sin el trabajo militante, de transmisión y cuidado no reconocido de las mujeres.
¡PORQUE FUISTEIS SOMOS Y PORQUE SOMOS SERÁN!
Aitziber Zearreta Garai (Responsable de coeducación de la ikastola Kurutziaga)


















