Los primeros años de Kurutziaga no fueron fáciles. Pocos recursos, mucha incertidumbre, y todo estaba por hacer. Pero había algo que el dinero no puede comprar: el compromiso de una comunidad. Las familias pintaron, limpiaron, organizaron, recaudaron dinero e hicieron todo lo necesario para poner en marcha la ikastola. Aquellos recuerdos han sido explicados por una de esas personas, Arrate Alberdi, y por la hija de ésta, Ines Etxegibel.





